Este es el último mensaje que dejaré en el bloc. Me despido y saludo a mis lectores, así, de antemano, por si se me olvida decirlo al final. Bueno, espero que hayáis disfrutado, y que os hayan gustado mis pequeñas historias con más o menos inspiración. Quiero daros ánimos para los exámenes y que se pase rápido para disfrutar del veranito. A los que ya no vea, espero que todo os vaya bien, que tengáis suerte, salud, un buen trabajo y los hijos justos, que con los precios de las casas no estamos para hacer gasto. A los que continúen por aquí, os quiero decir que no estáis solos, ¡yo también pringo! Mucha fuerza, que ya queda poco y que, bien mirado, cuando se nos pase la época de la universidad y empecemos a trabajar lo echaremos de menos. ¿Dónde más vamos a poder hacer pellas sin que nadie nos diga nada, y sin deber nada a nadie?
Nunca he tenido ninguna experiencia profunda en aprendizaje de lenguas en línea, y de todas maneras, creo que no se puede llegar a aprender una lengua plenamente solo con este método. Claro que mi experiencia se reduce a hacer ejercicios gramaticales con el Parles de la universidad y a algunos ejercicios de vocabulario en vasco para hacer la wiki. Bueno, ahí si aprendí algo: a insultar a mi compañera de manera cariñosa. Le dije que era una “txakurra”, que significa perro. Y ella me dijo que si, que era perro, pero que también era así como se le llamaba a la policía vasca. Me hizo gracia. Siempre se ha dicho que hay cierta empatía entre Euskadi y Cataluña, y creo recordar a gente refiriéndose a la policía de aquí como “els gossos d’esquadra”. ¡Al final coincidimos hasta en esto!
Pero, continuando con el tema, toda mi experiencia se reduce a páginas web. Quizá por eso no tengo una buena opinión de este tipo de métodos. ¿Cómo se aprende a hablar? Imaginaros un experto en gramática de inglés que vaya a Inglaterra, con todos esos señores lords, estirados, con su te y sus “OOoouuhh, sorry” chillón. Y nuestro experto: “Jelou mai frien! Uat taim is it?” (quería poner que el aprendiz hablaba “tal como se escribe” en inglés, tipo “hello my friend…”, pero la mayoría lo leeríamos tal como se pronuncia y no se vería la gracia…).
Creo que el aprendizaje en línea es interesante porque aprovecha los nuevos métodos tecnológicos y porque se puede aprender desde casa cuando uno tenga tiempo. Pero a la vez, creo que se tiene que poner mucho esfuerzo por parte de uno mismo, y que, ahora mismo, tiene muchas carencias. Nunca he probado aprender en línea con métodos sincrónicos, pero alguna vez me gustaría ver cómo es.
Hoy voy a dejar el bloc así, cortito, porque tampoco tengo demasiado que decir sobre este tema, ya que no lo conozco, y no me quiero extender mucho más.
Cuando leo las preguntas que se nos formulan en cada tarea del blog, me pregunto si todos los profesores, o la mayoría para ser justos, se han formado de la misma manera, o si en sus tiempos de estudiante era digno de ir al infierno el intentar nuevos métodos. Ahora, la mayoría de mis profesores avalúan de la misma manera: evaluación sumativa: tanto por ciento tienes en una prueba, tal es tu nota. Todo muy normativo y todo muy hetero... heteroavaluado, me refiero. Creo que un método de avaluación mejor seria un equilibrio entre sumativa y formativa, e ipsativa y criterial. Estos dos últimos tipos los encuentro interesantes: avaluar en función de unos objetivos pero también teniendo en cuenta la evolución de las personas. Sino, ¿por qué el diccionario habría hecho las palabras de “avaluación” y “evolución” tan parecidas? En mi clase siempre había el típico que era un desastre, pongamos, en matemáticas. Imaginaros, el pobre chaval lo mal que le pasaba cuando le decían: “Eudestopacio, eres bueno, has mejorado muchísimo desde que viniste y te mereces un excelente por tu evolución, pero como las cosas no son tan fáciles, para compensar, te suspenderemos y vuelves el año que viene, ale, ¡que lo disfrute!”.
La verdad es que como aprendiz he hecho todo tipo de exámenes: pruebas de adscripción para asignarme un nivel en la academia de inglés, de diagnóstico para ver el novel que tengo, de aprendizaje para los cursos de idiomas, de competencia para el First Certificate. Lo mismo me pasa con os exámenes: después de estar toda una vida (bueno, toda mi vida al menos) estudiando, acabas haciendo un poco de todo. Recuerdo una vez, en dibujo en el instituto, teníamos una profesora a la que llamaremos Doraemon (no, no sacaba cosas de los bolsillos, ni la “porta màgica” ni nada; si la hubiera sacado hubiéramos huido por ella todos los alumnos) que no sé muy bien cómo avaluaba, pero desde luego no demasiado bien. Realmente no creo que tuviera unos índices o criterios. Durante una semana hicimos una prueba: yo hice mis láminas y las de una compañera que por lo general sacaba muy mala nota. A pesar de que yo obtenía buenas notas, ella continuó sacando suspensos. ¿Justo? No lo creo.
Yo también sufrí una injusticia no hace mucho en alemán, mi lengua C. Nunca he tenido muchos problemas con esta asignatura, pero di con la orna de mi zapato (ahora me pondré seria). Hice un examen de traducción que, quizá no era mi mejor traducción, pero tampoco era para estirarse de los pelos. A pesar de que cada semana se tenía que entregar una traducción individual y luego en grupo, teníamos que hacer presentaciones en público durante todo el trimestre, etc. la profesora decidió que yo me quedaba con un 3 en la avaluación final, y punto. Cuando fui a reclamar, ella dijo que no podía hacer nada y que las normas eran así, pero…
1) (No, no diré “el brikindans”) Ella era la profesora de la asignatura y se quitó responsabilidades diciendo que las cosas eran así, y que ella –por supuesto- no podía hacer nada al respecto.
2) Me dijo que TOOOOODOO el trabajo del trimestre, que por cierto, sólo contaba un 40% y el resto te lo jugabas en un examen de 30 líneas, sólo contaba si aprobabas dicho examen.
Y yo digo… ¿plan… qué? ¿Plan Boloña? ¡JA! ¿Avaluación continuada? ¡JA! Nos hacen trabajar muuucho más que antes, entregar prácticas semanales, etc. Pero, como antes, las avaluaciones continúan siendo las mismas: el 40% son los trabajos que has hecho a lo largo del trimestre (que con el plan se han multiplicado por 3), y el 60% te lo juegas en un examen.
Quien me conozca, sabe de quién hablo. Normalmente mi blog tiene un tono humorístico, o lo intento, pero esto me supera, así que lea quien lo lea, que al menos se sepa que esto aún pasa.
Bueno, termino mi blog felicitando a Rodolfo Chiquilicuatre, que quedó mejor que las Ketchup y toda esa panda haciéndolo mucho peor. ¡Que se note que hay humor! Porque a veces se prefiere hacerlo mal aposta y con humor que pretender que “Aserejé” es una canción buenísima.
¡Saludos! ¡¡Perrea, perrea!!
Creo que casi todas las personas que leen este blog van a decir lo siguiente cuando lo lean: “¡Pues oye, no va mal desencaminada!”. Si nos preguntan con qué metodologías se nos ha torturado en nuestra infancia, la respuesta sería: con todas las posibles que se conocían entonces. Y yo diré: “¡Pues que suerte que no acudieron a la clase del jueves pasado! ¿Quién sabe que nuevas formas de tortura habrían sacado de ella?”. Supongo que, bromas aparte, mucha gente que haya estudiado otra lengua a parte del inglés (¡ojo! ¡que también este idioma en ocasiones!) tendrá la sensación de que el método por excelencia que han experimentado es el de la gramática-traducción. Yo aprendí inglés y alemán en parte así: mucha gramática y mucha traducción inversa y directa. El inglés aún… pero… el alemán era una tortura. ¿Os había mencionado que alemán se daba los lunes a las 9 de la mañana? Supongo que mucha gente sabe alemán en clase y muchos dirán que lo peor de aprender alemán es aprenderlo. ¡Es cierto! Creo que es una lengua muy complicada y que el método que aplican para enseñarla no es el más adecuado. Las clases son terriblemente gramaticales, y más bien poco atractivas. Tengo el recuerdo de que en algún intercambio con alemanes, muchos de ellos nos comentaban que hablábamos como libros y por eso no nos entendían. En un intento de hablar como jóvenes alemanes, nos enseñaban expresiones más coloquiales que acaban fracasando. La profesora de alemán nos decía:
-¡Claro que fallan las expresiones! Imaginaos un alemán intentando parecer moderno que diga con acento alemán: “¡Coño! Es que ustedes, permítanme el intrusismo, tienen un sistema educativo… ¡que lo flipas! ¡Joder!”
Visto así, decidimos que era mejor hablar simplemente como libros, y no como libros desfasados después de una noche de aftereight.
Con este método aprendí muchísima gramática, pero se olvidaron de algo fundamental, creo yo, que es la comunicación.
Con el inglés las cosas cambiaban un poco. Los profesores, por lo general, tendían a utilizar una metodología con enfoque comunicativo. Y para ello se disponían a sacar de nosotros el actor o actriz que llevábamos dentro (algunos más al fondo que otros). Tengo buenos recuerdos de este tipo de aprendizaje. Creo que si uno no es muy vergonzoso, y no suele ser mi caso, decirte que te vas a pasar la clase de inglés haciendo teatro, inventándote historias o situaciones, y en ocasiones, actuando (o, también dicho, haciendo el payaso) era algo genial para una chica de 12 años.
En alguna ocasión tuve alguna clase de vía silenciosa, pero dudo que el profesor fuera consciente de ello. Más bien creo que se trataba de algo necesario por falta de voz. Y creedme que tener a alguien delante que no te habla y te intenta decir algo, pero tú no lo entiendes, y te insiste, y tu crees que lo has entendido: que si, que te decía que salieras a la pizarra y analizaras oraciones. Tú te levantas con las mejillas sonrojadas y sales a la pizarra con buena intención y las oraciones en el folio y empiezas a copiar. El docente te mira y con un trozo de tiza te escribe al lado: “¡Que tires el chicle a la basura!”. No debe ser un método fácil, desde luego.
La verdad es que jamás he tenido ninguna otra experiencia que quizá me hubiera gustado experimentar, como la sugestopedia, que no deja de ser un método curioso.
Creo que para que una metodología tenga éxito en la enseñanza debe ser útil, entretenida y atractiva a los alumnos. Y eso depende del tipo de alumnos que tengas. Creo que debería incluir un poco de una y otro poco de otra: quizá algo de gramática para tener una base para que el alumno se sienta más seguro, pero con un enfoque comunicativo. Mi experiencia con el inglés siempre ha sido positiva en este sentido, porque incluía un poco estas dos visiones. Creo, por otra parte, que el método de vía silenciosa tiene que estar muy controlado y no funciona con muchos tipos de alumnos.
La verdad, no me imagino a una clase de veinte niños de 12 años intentando descifrar que quiere el/la profesor/a:
- Pablito, el profe ¿qué hace?
- No se, hace cinco minutos que nos mira pasmado.
- Mira, nos hace señas. ¿Es el juego de las películas? ¡¡Titanic!!
- Jajaja, yo creo que no. Debe ser que está afónico. O igual se ha quedado sin voz…
- Quizá es aquel método que mi hermana mayor me habló de una clase de un tal Cassany…
- ¡Anda Pablito! Eres un empollón. ¡Deja de chafardearle los apuntes a tu hermana!
- Tienes razón. ¡Que tontería! ¿Una redonda? ¿Profe quieres un balón?
- ¿Quieres un plato de comida?
- ¿Quieres que dibujemos OVNIS?
- ¿Dominar el mundo?
- …
- ¡EN CÍRCULO! ¡QUE OS SENTEIS EN CÍRCULO, LEÑE!
- Ah… haberlo dicho antes, hombre.
Como aprendiz, temo que he sido sujeto de todo tipo de experimentos lingüísticos y psicológicos. Por ejemplo, en clases de inglés, con 6 años, en la academia utilizaban un método de gramática tradicional. Mi mayor aspiración era saberme el verbo “to be” de pe a pa, pero no tenia ni idea de lo que significaba al principio. Como cada año cambiábamos de libro, me doy cuenta de que ha sido todo un ir y venir de teorías: un año tuve un libro puramente gramatical que lo recuerdo horrorosamente aburrido, otro año, libros con diálogos y pequeñas historietas, y otro año nos plantaban delante de la tele a ver calcetines parlantes que salían de un cajón y que se llamaban Top, Middle y Bottom. No se a qué teoría debían obedecer estos personajillos (que yo luego recreaba en casa) pero no dejaba de llamarme la atención de que uno se llamara “culo”. ¡Qué inocente! Por aquel entonces mi nivel de inglés era muy básico. Poco a poco, las clases de inglés empezaron a ser una mezcla generativista y estructuralista. En cuanto a teorías psicológicas, creo que pocos profesores tuvieron en cuenta la que aplicar, y la mayoría acabó optando por aplicar la de él/ella mismo/a. Pero si alguna vez se hizo aplomo de una teoría, seguramente se adecuaría más a la visión conductista.
¿Y que me decís de las clases de alemán? Todo el mundo que haya estudiado alemán se le habrá encendido una bombilla porque yo creo que tienen muchas peculiaridades. Para empezar, la gran teoría que muuuuchos profesores de alemán comparten como si fuera una regla no escrita en ninguna parte es: la letra, con sangre entra. Algunos incluso me atrevería a decir que van más allá: la letra, todos los lunes de todos los trimestres a las 9 de la mañana entra, y con sangre y legañas. He seguido dos tipos de teorías en las clases de alemán: en el instituto era una versión de estructuralismo con bastante gramática, pero es cierto que nos hacían repetir diálogos y luego cambiar palabras, etc. Pero al llegar a la universidad eso dejo de existir. Se aplicaba una teoría generativa con mucha gramática y una visión muy conductista.
No es que tenga malos recuerdos de ninguna de las dos lenguas. Bueno, quizá de alemán si. Después de tanto generativismo me he dado cuenta de que se hacer una pasiva a la perfección, pero es triste ver que no entiendo ni una palabra… Creo que la mezcla enriquece: leche con colacao, fresas con chocolate, café con bombones, bocadillo de nocilla, batido de cacao, Saussure con chocolate, fondue de Chomsky… arrfmmmhh… ¡si es que todo esta mejor con chocolate!… Ejem, perdon… Creo que la gente se esfuerza demasiado en dividir teorías y que seguramente la mejor división es coger lo mejor de cada una e intentar aplicarlo. No estoy segura de cual es la teoría que mejor me sienta, porque creo que el método puede ayudar pero la constancia y el trabajo de uno mismo es lo que al final acaba contando. Con el estructuralismo en inglés aprendí a hablarlo, a buscar sinónimos y ver diferencias entre palabras. Con el generativismo en alemán aprendí la gramática maravillosamente (fue lo único que creo que he aprendido maravillosamente en alemán). Creo que la mezcla de estas dos teorías daría a lugar a algo equilibrado de lo mejor de cada una, porque cada una saca partido a una cosa diferente del individuo. Pero como mi conocimiento en el tema lo considero escaso, no voy a dar más que esta pequeña opinión.
Bueno, mi escrito anterior fue muy largo y no quiero que mis compañeros empiecen a mirarme con malos ojos, así que por hoy lo dejaré aquí. Además, no estoy demasiado inspirada, como podéis ver. En fin. Iré a comer algo. ¿A alguien le apetece chocolate?
Este es el blog para la asignatura de “Ensenyament de llengües”. Pretendía presentarme en un primer momento, pero creo que lo voy a dejar y ya me iréis conociendo poco a poco. Bueno, al menos mis inquietudes lingüísticas. Tenéis suficiente con saber que yo… yo… he sido aprendiz de lenguas. ¡Reconocer el problema es lo primero! :D
Nos han preguntado que qué esperamos de esta asignatura, porqué la matriculamos. ¡Vaya pregunta! Por esperar, espero que las clases las de Michael Skofield (el personaje, que dicen que el actor es gay y ya no nos sirve), sin camiseta… pero puesto que no va a poder ser, espero aprobar, o mejor aún, sacar una matrícula. En fin. Me matriculé a esta clase porque era obligatoria en la carrera de Lingüística, pero como dije en su momento, la hubiera escogido de libre elección igualmente porque es un tema que me parece interesante, ya que es una posible salida de mis estudios. En las clases me gustaría pasármelo bien y reír (a la vez que aprender, ¡ojo!) porque me parece que es la única clase en la que se puede uno reír o hacer bromas. La verdad que no veo a otros profesores (¿se pueden decir nombres? ¿no? pues el/la profesor/a del miércoles al mediodía, ¿si?)… a esos profesores haciendo bromas, no, ¿no?: “Bé, doooooncs… la traducció… és… jejejeje, què li diu una traducció a l’altra? Tu ets llengua meta o de partida!?!?! JajajaJAJAJA” … No. La verdad es que no pega.
Volviendo al tema, cuando acabe la asignatura espero haberme hecho una idea global de los métodos de enseñanza de lenguas, y ser un poco más sabia. Me gustaría que las clases magistrales no acabaran a las 8 y media de la noche, otra cosa que no será posible. También espero poder aprender con la teoría y discutir en los seminarios, porque hablar, bien lo saben los que me conocen, es uno de las mayores aficiones que tengo. ¿Veis? Práctico la lengua. ¿Esto no me debería dar un punto positivo o una estrellita o algo?
Cuando tenía la tierna edad de 6 años, yo era una jovencita repelente y rara. Para empezar, era hija de una profesora del colegio donde iba, y me juntaba con los especimenes más extraños de clase para desenterrar gusanos de tierra y estudiar que pasaba si se les cortaba en dos (corría el rumor que vivía el gusano y se convertía en dos). Por suerte la segunda costumbre se acabó al cabo de poco, aunque continúo siendo victima de la primera y todo el mundo me conoce por “la hija de”. Si esto le suele pasar a todo el mundo, imaginaros cuando por las clases de tu madre pasan 24 alumnos cada año durante 22 años, con sus padres y eso. En casa hablo castellano aunque mi escolarización fue en catalán y nunca he tenido problemas. Considero que tanto el catalán como el castellano son mi lengua materna, y si he hecho el blog en castellano… era por cambiar un poco, ya que todos los trabajos los suelo hacer en catalán. También a los 6 años me apuntaron a una academia de inglés, a la que asistí hasta los 17 años, y a la vez, a los 8 u 9 años empecé inglés en la escuela. Las dos clases de inglés eran muy diferentes: las de la academia eran más avanzadas y nos hacían currar más. Las de la escuela… bueno, aprendí muchas canciones. Ahora me doy cuenta del gran déficit que tenían entonces las clases. Y a los 11 años empecé a aprender alemán. Lo único que recuerdo era ver a la profesora de alemán, que era la que tenía más poco sentido del humor de la escuela, escondida debajo de su mesa diciendo “Hilfe! Hilfe!” (¡Socorro, socorro!), para que aprendiéramos la palabra “socorro”. Pues ya vamos bien si en alemán de lo primero que nos enseñan es esa palabra. ¿Es que nos será de vital importancia si vamos a ese país? ¿Esperan que nos subamos a la puerta de Brandenburgo y que no sepamos bajar? Y lo más inquietante: ¿¿Tan difícil es esa lengua??
En fin, excepto el inglés, que fue en una academia, las otras lenguas las he aprendido en la escuela. El método que utilizaban era más bien convencional: librito con los típicos apartados de gramática, vocabulario, más gramática, más vocabulario, un ejercicio de leer o escuchar, alguno de reproducir diálogos, vocabulario y… sí, un poco más de gramática. Tengo la sensación de que realmente poco inglés aprendí en la escuela, ya que al ir a academia aprendía todo de allí, y con alemán, aún menos. Al llegar al instituto nuestra profesora de alemán decidió ser madre… tres veces. Y nos quedábamos de sustituta en sustituta, y con el cuento, siempre repetíamos la misma lección sin avanzar. Pero meterme en el mundo de las lenguas me hizo bien porque definió mi futuro un poco y en varios idiomas. Decidí que eso de las leguas me gustaba, aunque los profesores a veces… muchas veces no.
El peor profesor que he tenido es S.C. (prefiere mantenerse en el anonimato). Una profesora que venía de un pueblo de la Catalunya profunda y cuyo inglés era peculiar, con acento catalán. Sus clases me aburrían profundamente porque eran lentas y “desaborías”, demasiado tradicionales. Era de la opinión de que la letra, con sangre entra, y por eso nos hacía estudiar listas de verbos irregulares (que no he utilizado en mi vida, ni siquiera en castellano) hasta que los codos nos quedaran pelados. La mejor profesora, A. A. (esto parece un programa del corazón, pero os aseguro que ninguna de las dos salió con Paquirrín ni se ha operado… puede que la segunda sí haya hecho esto último…). A. A. era una profesora con la que los chicos habían descubierto que el inglés tiene formas de mujer. Guapísima y misteriosa. Le llamaban “La Viuda Negra” porque vestía siempre de negro, con faldas, tacones y un dedo de maquillaje en la cara. Yo creo que más que maquillaje era una mascarilla que se ponía antes de salir de casa, como en “La señora Doubtfire”. La cosa es que siempre estaba impecable. También se le llamaba así porque alrededor de ella se habían formado historias siniestras… que ahora no vienen al caso, y quizá algún día cuente. Era una buena persona, cínica y ácida, pero eso formaba parte de su humor. Y era una excelente profesora. Nos hacía trabajar muchísimo y en tiempo record, pero aprendimos también mucho con ella. Sólo nos hablaba en inglés, y nos enseñaba la historia y la cultura inglesas a través de películas. Creo que hacía las clases estresantes para que trabajáramos rápido, y por lo tanto, trabajáramos más, pero hacia todo tipo de actividades que ella misma preparaba. Ponía mucha pasión a sus clases y creo que eso fue lo que nos animó a todos a aprobar.
En fin, ya veis, así pongo inicio al blog de “20.000 lenguas en un viaje submarino”, en honor a una canción de Daniel Higiénico, cantautor, excéntrico, dandi y semi-artísta. Y a su vez, él lo cogió de una película. ¿De dónde lo debió sacar el director? No creo que el cantante se refiriese a idiomas…, pero el título a mi me va de perlas, así que, con su permiso, se lo tomo prestado. ¡Espero que disfrutéis!